Kiki, el amor se hace (2016) de Paco León
Lo estás leyendo en pleno verano, en una terraza de Madrid
con el ventilador intentando sofocar el calor aunque lleves esa camiseta rosa y
los colores de la sandía y la lima abarroten tu mesa. Lo estás leyendo a una
hora en la que ni el agua de la manguera es capaz de bajar la temperatura, pero
así es. Así lo lees, mordiéndote el labio.
Kiki es fresca, erótica, festiva, loca. Eres tú alucinando
con el cuero, las filias y el placer de pelar una naranja y separar lentamente
sus gajos para sentir el placer ácido y suave en la boca. Es amor, cariño y
orgasmos. Es eso que hace que tu polo se derrita gota a gota y que no seas
capaz de mantenerlo frío.
Te ríes, abres los ojos de sorpresa, lo ves raro, lo
entiendes, lo aceptas, lo vives y lo gritas.
Así es “Kiki, el amor se hace”. Así o “La petite mort”, como los franceses llaman
al orgasmo. A ti te gusta la primera opción. Así lo haces, así lo sientes, así
de raro, pero así de libre.
Una película de Paco León

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